domingo, 23 de febrero de 2025
El Camino hacia la Ceremonia en el Aire & 33 ODaimokus con mucho Ichinen
Un Cuento chino que no engaña. Hace muchos años, en una pobre aldea china vivía un pobre campesino con su hijo. Su única posesión material, aparte de la tierra y de la pequeña casa en la que vivían, era un caballo que había heredado de su padre.
Un buen día el caballo se escapó, dejando al hombre sin animal para trabajar en el campo. Sus vecinos —que lo respetaban mucho por su honestidad y diligencia— acudieron a su casa para consolarle y decirle cuánto lamentaban lo ocurrido.
Él les agradeció la visita, y preguntó:
—¿Cómo podéis saber que lo que ocurrió ha sido una desgracia en mi vida?
Todos los que habían acudido a consolarle se quedaron extrañados por su comentario, y alguien comentó en voz baja con un amigo:
—No quiere aceptar la realidad. Dejemos que piense lo que quiera, con tal que no se entristezca por lo ocurrido.
Y los vecinos se marcharon, fingiendo estar de acuerdo con lo que habían escuchado.
Una semana después, el caballo retornó al establo, pero no venía solo: traía una hermosa yegua como compañía.
Al enterarse del suceso, los habitantes del pueblo se alegraron, y se dieron cuenta del significado de la respuesta que el hombre les había dado,
Volvieron a casa del campesino para felicitarle por su suerte.
—Antes tenías sólo un caballo, y ahora tienes dos. ¡Enhorabuena! —le dijeron—.
—Muchas gracias por la visita y vuestras palabras —respondió el campesino—. Pero ¿cómo podéis saber que lo que ha ocurrido es una bendición en mi vida?
Desconcertados, y pensando que el hombre se estaba volviendo loco, los vecinos se marcharon, comentando por el camino:
—¿Será posible que este hombre no entienda que Dios le ha enviado un regalo?.
Pasado un mes, el hijo del campesino decidió domesticar a la yegua. Al intentarlo el animal dio un salto inesperado, y el muchacho tuvo una mala caída, rompiéndose una pierna.
Los vecinos retornaron a la casa del campesino una vez más, llevándole obsequios para el joven herido. El alcalde del pueblo presentó solemnemente sus condolencias al padre, afirmando que todos estaban muy tristes por lo que había sucedido.
Nuevamente el hombre agradeció la visita y el cariño de todos. Pero preguntó:
—¿Cómo podéis vosotros saber si lo ocurrido ha sido una desgracia en mi vida?
Esta frase dejó a todos nuevamente estupefactos, pues nadie puede tener la menor duda de que el accidente de un hijo es una verdadera tragedia.
Al salir de la casa del labrador, comentaban entre sí:
—Realmente se ha vuelto loco; su único hijo se puede quedar cojo para siempre y aún tiene dudas de que lo ocurrido es una desgracia.
Al cabo de algunos meses, Japón declaró la guerra a China. Los emisarios del emperador recorrieron todo el país en busca de jóvenes saludables para ser enviados al frente de batalla. Al llegar a la aldea, reclutaron a todos los jóvenes excepto al hijo del campesino, que estaba con la pierna rota y no era útil para el ejército.
Ninguno de los muchachos del pueblo retornó vivo. El hijo del campesino se recuperó, los dos animales dieron crías que fueron vendidas y rindieron un buen dinero. El campesino pasaba frecuentemente a visitar a sus vecinos para consolarles y ayudarles, ya que siempre se habían mostrado solidarios con él en todo momento.
Siempre que alguno de ellos se quejaba el labrador decía:
—¿Cómo sabes si esto es una desgracia?
Si alguien se alegraba mucho, él preguntaba:
—¿Cómo sabes si eso es una bendición?
Y los hombres de aquel pueblo entendieron que, más allá de las apariencias, la vida tiene otros significados.
El Camino hacia la Ceremonia en el Aire esta repleto de situaciones complicadas que son a su vez los impulsos necesarios para extraer todo el potencial inherente en cada uno.
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