LA ELECCIÓN DEL LEÑADOR
Había una vez un humilde leñador llamado Potila, que vivía en las afueras de un pueblo. Todos los días salía al bosque con su hacha al hombro, cortaba la madera necesaria y la vendía en el mercado. Su vida era simple, pero su corazón estaba inquieto, pues a menudo se debatía entre tomar el camino fácil o el correcto.
Un día, mientras buscaba leña, descubrió un viejo árbol caído. Su madera era gruesa y resistente, perfecta para vender a un alto precio. Sin embargo, al acercarse, vio que en su tronco hueco vivían unos pequeños pájaros con sus crías. Si cortaba esa madera, los dejaría sin refugio.
Potila dudó. "Si no la tomo, tendré que esforzarme más buscando otra leña. Pero si lo hago, nadie sabrá que fui yo quien destruyó su hogar", pensó.
Finalmente, decidió cortar el tronco. Mientras su hacha caía sobre la madera, los pajarillos salieron volando asustados, y sus pequeños quedaron desprotegidos. Potila se dijo a sí mismo que no era gran cosa, que solo estaba haciendo su trabajo.
Esa noche, sin embargo, su corazón estaba inquieto. No podía apartar de su mente la imagen de los pajarillos. Se preguntaba si habrían encontrado otro refugio o si habrían sido presas del frío y los depredadores. El peso del remordimiento lo mantuvo en vela.
Al día siguiente, mientras caminaba por el bosque, encontró otro árbol caído, pero esta vez sin ningún animal viviendo en él. Recordando su pesar, decidió cortar solo esa madera. Cuando terminó su jornada, su corazón estaba en paz, y esa noche durmió profundamente.
Con el tiempo, Potila aprendió a actuar con más sabiduría, eligiendo siempre aquello que no dañara a otros seres. Y comprendió la verdad de estos versos del Dhammapada:
"Puedes conocer que la acción que has realizado no es buena cuando ella es causa de remordimiento y cuyo fruto produce lágrimas de dolor.
A su vez, se conoce que la acción realizada es buena cuando uno no se arrepiente después de haberla hecho y cuyo fruto es la felicidad y la paz de la mente." (Dhp. 8-9)
Reflexión:
A veces elegimos el camino más fácil sin considerar las consecuencias de nuestras acciones. Sin embargo, el verdadero juicio no viene de los demás, sino de nuestra propia conciencia. Cuando nuestras decisiones traen remordimiento, nos indican que hemos actuado mal. En cambio, cuando obramos con rectitud, la recompensa es la paz interior.